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A
mi Muerte, primera
introducción de esta autobiografía parcial y arbitraria escrita, publicada y
comentada en facebook por amigos en 2013. Como tengo mucho tiempo libre resolví
publicarla tempranamente ya que no me he muerto todavía, como me resulta
evidente (18.5.2026).
19 enero 2013
Tel Aviv,
Fecha, a agregar
¡Querido lector!
Estoy muerto.
Hace algún tiempo que escribí esta nota con el solo
objeto de comunicarme contigo mas allá del tiempo alocado a mi existencia.
No dejo mucho para recordarme entre los vivos. Gran
parte de mis pacientes (soy médico, como muchos otros escritores cargosos) ya
fallecieron y los que no, lo harán a su debido tiempo.
Siempre quise escribir un libro.
Las cosas que escribí son mínimas e intrascendentes
considerando las maravillas que otra gente escribió.
Se que mas de un escritor dejo obras póstumas. Mark
Twain se tomó el trabajo de escribir cosas que pidió no se publicaran durante
los siguientes 100 años. Otros escritores se afanaron en escribir libros
enteros y después, el último día, pidieron los quemaran (el caso de Kafka).
En mi caso no publiqué ningún libro porque hasta mi
muerte nunca escribí uno. Quise, pero siempre me dejé llevar por la pereza,
empezando por la pereza de la imaginación, que no me permitió desarrollar
tramas geniales que se me ocurrieron y olvidaron con rapidez. A veces anotaba
un tema. Después de unos meses encontraba el papel con la nota garabateada sobre
el escritorio (debajo de una resma de papeles) y no podía reconstruir el tema
de los pocos datos del borrador. Escribí algunas cosas de Medicina, pero no hay
en ellos ninguna pretensión literaria.
Ahora que estoy muerto parecería ya es tarde. ¡Lo que
no escribí ya no será escrito, ¡for good! En Ingles "for good" quiere
decir para siempre, pero si jugamos un poco con las palabras ¡good que no
escribí hasta ahora!
No escribir libros tiene sus ventajas. Por ejemplo,
nadie podrá decir nunca que escribía libros malos. Pero parece que eso es peor
para mi prestigio que dejar la cosa en el plano de la incógnita.
Veamos reacciones típicas del presunto público lector
frente a ambas situaciones.
1 Ah! El libro que escribió Lenger es un plomo. Mejor
hubiera sido, si quería
publicar algo, que hiciera como el
poeta en el film ese de Cocteau, que
dejo las hojas en blanco…
2 Ah! ¡Si Lenger hubiera escrito un libro, seguramente
seria un éxito! Pero no
escribió nada.
¿Que frase tiene mejor contenido, del punto de vista
de la memoria que dejo? No se.
Se me ocurre que después de 2 generaciones resulta
ganador que haya dejado un libro, que no haber dejado ninguno.
Digo esto porque después de un tiempo, el 99,9% de los
autores caducan y quedan relevantes gentes como Cervantes, Shakespeare, Heine y
nadie más. ¿Quién lee los autores que yo leía en 1955? Nadie. ¿Quién lee hoy en
día a Upton Sinclair, Roman Rolland, Cronin o al maravilloso Somerset Maugham?
Nadie, que yo sepa. Así como el destino de las hojas del árbol es secarse y
caer, así los libros de esta gente, por mas geniales que fueran, se secaron y
quedaron arrumbados, amarilleando en los bordes y con la cola del lomo
despegada.
Si dejo escrito un libro, así sea un desastre, para el
año 2080, todo lo que quedará de el será un título, porque el contenido
evidentemente habrá caducado, no importa si es bueno o malo. Mis descendientes
podrán ufanarse entonces de tener un antepasado culto, que sabía escribir sin
computadora, imprimía en papel lo que escribía y encuadernaba los directorios
en vez de dejarlos en memorias electrónicas, magnéticas o lo que se use
entonces. En esto se parecerán a los pseudo aristócratas criollos para los cuales
cualquier antepasado bigotudo que montaba, con el correr de los años paso a ser
un prócer de la Patria.
Ahora comprendo que el tiempo será clemente con mis
palabras escritas, que aunque sean torpes o tontas, con el pasar de las décadas
serán olvidadas o perdonadas y sólo quedará el título del libro y mi nombre,
intrascendente ya, en los archivos.
Fue por eso que resolví escribir (antes de morir) y
publicar (después de muerto) este, mi libro. Se que la gente suele ser mas
clemente con los muertos, por eso decidí publicar tan tardíamente.
Nunca sabré que piensan los demás acerca de mi
habilidad como escritor, pero la duda existe incluso en aquellos que publican
mientras están vivos.
Mas aun, si el autor joven publica y tiene algún
éxito, no hay nada peor que ver como sus libros pasan a ser intrascendentes
pocos años después. Claro que el autor puede pensar que su último libro es el
mejor y por eso los anteriores no son leídos.
Todas esas antologías que andan por ahí son
consecuencia del poco valor de los primeros trabajos, así que los editores envuelven
esas cosas sin alma con otras mejores en un libro más voluminoso y los reciclan
juntos.
Mejor sería usar esos papeles para envolver pescado,
como se estilaba años atrás. Leer los trabajos inéditos o publicados en alguna
obscura revista de 50 números de tirada hace 30 años no es la mejor manera de
aprovechar el tiempo. Salvo sí uno esta escribiendo una monografía acerca del
autor o busca un argumento para telenovela.
Los autores vivos tienen una cualidad interesante que
no se da en los autores muertos. Cuantos más años pasan desde que el autor vivo
sacó su libro a luz, menos público lee el libro, pero mas gente se interesa en
la persona del autor.
Cuanto más viejo sea, mas se interesarán los medios en
el autor, aunque nadie sepa decir con exactitud que escribió. En las
matemáticas a eso lo llaman relación inversa.
Siempre hay un viejito que es el Autor Nacional
Emblemático, personaje este el mas triste que pueda existir. Lo elije la señora
Vox Populi, vieja bataclana, que lo invita después que el viejito anterior
fallece y deja un hueco para llenar. Digo hueco, pero en realidad se trata de
una silla o sofá en un programa de televisión para señoras gordas donde tiene
que mostrar buenos modales y tratar de no decir sandeces, que el país lo
escucha. El sabe que recién ahora, a la vejez, le llegó el turno, después que
el autor viejito anterior falleciera y también sabe que cuando muera el título
pasara a ese autor jovencito (comparativamente) que, a su manera de ver, nunca
aprendió a escribir, pero que publicó varios libros. La única manera de evitar
que ese despreciable advenedizo llegue a la televisión es vivir mas y mas, pero
¿quien tiene fuerzas? Al final siempre uno se muere y sí no es ese energúmeno
será otro mas joven aun que tome las riendas del Carro Triunfal de la
Literatura Nacional.
Así es que los sucesivos Autores Nacionales
Emblemáticos mueren amargados, sabiendo, como todos los viejos presumen, que
todo tiempo pasado fue mejor y que detrás de ellos viene el malón, los
guarangos y el mal ejemplo.
Yo resolví no pasar por esa situación. Como nunca
publiqué nada, nadie puede proponerme para Autor Nacional Emblemático, pese a
que tengo la edad apropiada. Y así moriré. Sin agasajos, pero también sin
críticas.
Nunca me sentaré en la silla calentada por el culo de
algún autor difunto precedente e intrascendente y nunca otro autor se sentará
en la silla que yo deje. ¡El escape perfecto!
Esto que escribí hasta aquí es el prólogo de mi libro,
que se publica a mi cargo (en realidad se debita de la herencia que dejé) con
ocasión de mi reciente muerte y que mis ejecutores te obsequian en mi nombre,
con un último y cordial saludo póstumo.
Por eso pude morir (aquí falta la fecha, que por ahora
desconozco y tal vez nunca sepa), diciéndome a mi mismo, Misión
Cumplida.
Mis ejecutores podrán agregar, sí leen este prólogo
hasta el final, alguna fecha apropiada.
El
autor
Suzanne Heidenheimer Frank very imaginative!!!
January 19, 2013 at 7:14pm · Like
Jorge Schussheim Excelente prólogo. Estamos
todos esperando el epílogo.
January
19, 2013 at 7:27pm · Unlike · 1
Ruben Lenger Gracias,
Jorge. Ahora se que sí me voy antes, tendré por lo menos un lector, aunque sea
para el epílogo.
January 19, 2013 at 7:50pm · Like
Carlota Liacho No te pierdas
January 19, 2013 at 7:59pm · Like
Jorge R Herrendorf Evidentemente,
nunca te salió el libro. No sientas culpa ni llores penas. Planta una plantita,
un hjo que te dió la vida tampoco es obligatorio. Volvé a las lecturas del 55 y
después, que te dieron sustento hasta ahora. Tu prólogo es bueno, nu?
January
19, 2013 at 10:10pm · Like · 1
Tamara Gruszko Don't
procrastinate! (a proposito del artículo de hoy de Julieta) Just write the damn
book! ...a mi me pasa lo mismo que a usted... introducciones tenemos todos
aunque debo admitir, la tuya es original, pero ... falta el medio y el final! :
) Me recuerda al poema de Ricardo Palma que siempre me repetía mi madre,
Ensenieme maestro a hacer siquiera una oda chapusera. Ya conoceras el resto.
January
20, 2013 at 6:47am · Unlike · 1
Ruben Lenger Quién
dijo que no tengo listo el material para el libro? Lo que digo en el prólogo es
que no lo publiqué, cuando evidentemente el que lea el prólogo despues de mi
muerte estará sosteniendo el libro en sus manos. En fin, igual estoy contento
con las respuestas.
¿Quién dijo que no tengo listo el material para el libro? Lo que
digo en el prólogo es que no lo publiqué, cuando evidentemente el que lea el
prólogo despues de mi muerte estará sosteniendo el libro en sus manos. En fin,
igual estoy contento con las respuestas. Jorge S. me sorprendió con la
necesidad de escribir un epílogo, cosa que no se me había ocurrido. Los
epílogos son aburridísimos y es como sí el autor creyera que tiene que explicar
su libro. Nunca tuve paciencia para leer epílogos. El único bueno que recuerdo
es el del Ulisses, pero Joyce te mete el epílogo en la última página del
libraco sin avisarte y sin decir que es un epílogo. Entras en una vorágine de
palabras como en un climax y PUM, se terminó. Otro epílogo bueno esta en el
teatro, en Sueño de una Noche de Verano, (mala traducción de Midsummer, que no
es verano sino solsticio de verano, fecha muy sugestiva para asuntos de amor),
donde todo es al reves del epílogo de Joyce y tratan de calmarte, cosa que la
censura no prohíba la obra. En fin, ahora tendré la agradable tarea de sopesar
el asunto del epílogo "a pedido del público". Ah! tambien Federico le
puso epílogo al El Público! Claro, tambien es una obra de teatro y bastantes
partes recuerdan al Sueño de Shakespeare.
Noemi Lenger Medio
depre primito!!!!!
January 20, 2013 at 7:53pm · Like
Ruben Lenger Ninguna depre! Yo miro a la muerte desde arriba (un
metro ochenticuatro) y mientras, todo en orden. Cuando no, hablaremos
personalmente o por interpósita persona (algun medium). Dense cuenta que al
publicar despues de muerto me ahorro el diálogo y paso al monólogo, que sin
duda es mas fácil.
January
20, 2013 at 8:05pm · Like
Carlota Liacho si
por acaso me encontrás vagabundeando por ahí, estás frito. Vas a tener que
dialogar. Sería fenómeno el fenómeno.
April
12, 2013 at 2:52am · Like
Irene Schiffer
Un amigo médico de 77 años quiso cumplir su sueño: ser escritor. Ya está
por publicar su 10o libro, editado por él mismo. Esa actividad lo mantiene en
estado de entusiasmo, siempre pensando en el argumento, en los personajes, los
diálogos...Quizá no es tan importante que el libro sea bueno o malo, sino que
sea una fuente de placer para uno mismo. No creo que los escritores que
admiramos hayan pensado en la posteridad, al menos ella no fue su brújula.
Ruben Lenger el
primer libro de recuerdos de un médico que tuve en mis manos fue uno que el Dr.
Maradona le regaló a mamá cuando se fue de Formosa para que yo naciera en
Buenos Aires. El libro era bueno y todavía lo tengo en mi biblioteca.
Incluye dibujos por el autor y algunas fotos. Todo muy antropológico,
con ideas convencionales acerca de los indios, al estilo de la época pero con
mucha compasión. Despues leí las memorias de un médico chileno que me
aburrieron, así fue tambien con los demas médicos. Lo único bueno, pero bueno
de verdad que leí de un médico, lo escribió un tipo que no era médico, pero en
La Peste, la cosa se desenvuelve como sí lo fuera. Ese libro me marcó y me dejó
tirado en las vías de la locomotora de la Medicina, o sea me jodió para
siempre. En cuanto a publicar lo mío, no tengo tiempo para eso porque trabajo,
que es mejor y fuera de eso resolví publicar despues de muerto (ver arriba).
Las cosas que escribí en Medicina ya caducaron y no tengo mas proyectos para
publicar. No soy el primero que quiere publicar "despues". El caso
extremo es el de Mark Twain, que dejo cosas a publicar 100 años despues de su
muerte! Lujos de gran escritor... Yo, aunque deje órdenes expresas y dinero
para pagar los gastos, no podré estar seguro de que mi libro se publique y
menos aún de que se lea...
Irene
Entonces ...eran solo words, words, words. No está mal, podrías
ser escritor, nos engañaste a todos *-)
Silvia Kratz dejá
algunos dedicados, espero estar en la lista.
September
7, 2015 at 7:15pm · Like
Ruben Lenger no
tengo apuro ni fecha cierta, pero estoy seguro que llegará el momento.
September 7, 2015 at 10:49pm · Like · 1
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